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lunes, 10 de diciembre de 2012

Poema de Fernán González



Elogio de España


Por eso vos los digo    que bien lo entendades:
mejor es que otras tierras    en la que voz morades,
de todo es bien conplida    en la que vos estades,
dezir vos e agora    quantas ha de bondades.

Tierra es muy temprada    sin grandes calenturas,
no fazen en ivierno    destempladas friuras;
no es tierra en el mundo    que aya tales pasturas,
arboles pora fruta    siquier de mil naturas.

Sobre todas las tierras    mejor es la montaña,
de vacas e ovejas    non ha tierra tamaña,
tanto ha de puercos    que es fiera fazaña,
sirven se muchas tierras    de las cosas d'España.

Es de lino e de lana    tierra mucho abastada,
de çera sobre todas    buenta tierra provada,
non seria d'azeite    en mundo tal fallada,
Inglatierra nin Francia    d'esto es abondada.

Buena tierra de caça    e buena de venados,
de rio e de mar    muchos buenos pescados,
quien los quiere rezientes, quien los quiere salados,
son d'estas cosas tales    pueblos muy abastados.

De panes e de vinos    tierra muy comunal,
non fallarien en mundo    otra mejor nin tal,
muchas de buenas fuentes,    mucho rio cabdal,
otras muchas mineras    de que fazen la sal.

Ha y venas de oro,    son de mejor barata,
muchas de buenas venas    de fierro e de plata;
ha en sierras e valles    mucha de buena mata,
todas llenas de grana    proa fer escarlata.

Por lo que ella mas val    aun non lo dixemos:
es mucho mejor tierra    de las que nunca viemos,
de los buenoc caveros     aun mençión non fiziemos,
nunca tales caveros     en el mundo non viemos.

Dexar vos quiero d'esto,    assaz vos he contado,
non quiero mas dezir,    que podrie ser errado,
pero no olvidemos    al apostol honrado,
fijo de Zebedeo,    Santiago llamado.

Fuerte mient quiso Dios    a España honrar,
quando al santo apostol    quiso y enbiar;
d'Inglatierra e Françia    quiso la mejorar,
sabet, non yaz apostol    en todo aquel logar.

Onro le otra guisa    el preçioso Señor,
fueron y muchos santos    muertos por el su amor,
de morir a cochillo    non ovieron temor,
muchas virgenes santas,    mucho buen confessor.

Commo ella es mejor    de las sus vezindades,
assi sodes mejores    los que España morades,
omens sodes sesudos,    mesura heredades,
d'esto por todo el mundo    muy grand preçio ganades.



Libro de Apolonio



En Antioquía, el rey Antioco vive incestuosamente con su hija. Para no perderla propone una fácil adivinanza a los que la pretenden; si no la resuelven serán decapitados. Apolonio, rey de Tiro, se ha enamorado de ella por las noticias que circulaban de su extrema belleza; llega a Antioquía y de solución al enigma, que alude precisamente al pecado de Antioco, aunque éste lo niegue y le dé treinta días de plazo para resolverlo. Vuelve Apolonio a Tiro, pero, apesadumbrado por su fracaso, marcha a correr aventuras.
               Llega con sus acompañantes a Tarso; entre tanto Antioco trama contra él asechanzas. De ellas se entera por Elánico, pero sigue en la ciudad hasta que su amigo Estrángilo le aconseja, por su propio bien y por el de Tarso, que huya a Pentápolis. Primera tempestad y naufragio. Solo se salva Apolonio.
               Un pescador de Pentápolis, a quien relata sus cuitas, comparte con él mesa y vestido y le señala el camino de la ciudad. En una interesante escena del juego de la pelota Apolonio muestra su destreza y es invitado, por ello, a comer en el palacio del rey Architrastres. Nuevo pasaje célebre en que Luciana, la hija del rey, toca la vihuela, y, después, lo hace Apolonio. Comienza el delicioso enamoramiento de Luciana hacia el náufrago vihuelista, logrando de su padre que le nombre su maestro de música. El enamoramiento culmina con las bodas de Luciana y Apolonio. Cuando Luciana está preñada de siete meses llega una nave de Tiro y se enteran de la trágica muerte de Antioco y su hija, y de que en Antioquía esperan a Apolonio, que resolvió el enigma, como nuevo rey. Embarca con su esposa, a quien acompaña su aya Licórides, camino de Antioquía. En la nave tiene lugar el parto de Luciana: una niña, Tarsiana. A la madre la creen muerta y, como es de mal agüero llevar un cadáver a bordo, es arrojada al mar en un rico ataúd.
               El relato continúa con la historia de Luciana. El ataúd llega a Éfeso donde un médico joven y sabio la devuelve a la vida. Queda Luciana como abadesa de un monasterio consagrado a Diana.
               Retoma el poeta las andanzas del rey de Tiro, que desembarca, desesperado de tristeza, en Tarso. Acude a casa de Estrángilo, donde deja a su hija, con el aya Licórides, mientras él, jurando no cortarse el pelo ni las uñas hasta procurar un buen matrimonio a su hija, se embarca entristecido hacia Egipto. Estrángilo y su mujer Dionisa dan una esmerada educación a Tarsiana, pero no le confiesan de quién es hija; lo hace Licórides en trance de muerte. La belleza de Tarsiana ciega de envidia a Dionisa, que acaba por contratar a Teófilo para que le dé muerte cuando por la mañana acuda, como suele, al sepulcro de su aya. En ese preciso momento aparecen unos ladrones en una galera, piratas por lo tanto, que hacen huir a Teófilo y raptan a Tarsiana; sin embargo, Teófilo dice a Dionisa que ha llevado a cabo su encargo.
               Los ladrones llegan a Mitilene y allí sacan a Tarsiana a subasta. El príncipe de la ciudad, Antinágoras, puja por ella, pero acaba llevándosela un rufián que pone su virginidad a precio. El primero en acudir es Antinágoras, y Tarsiana, con sus ruegos, consigue que el príncipe la respete. Lo mismo sucede con cuantos allí acudieron. La niña, además, logra convencer al leno de que conseguiría más dinero para él si la dejara salir al mercado a tocar la vihuela. Comienza aquí otro de los episodios más célebres del libro: Tarsiana juglaresa.
               La narración vuelve a Apolonio. Pasados todos estos años torna de Egipto, en busca de su hija, a Tarso, y el matrimonio le informa de su muerte. Acude a su presunto sepulcro, pero no puede verter una lágrima por lo que intuye que Tarsiana no yace allí. Se embarca con intención de ir a Tiro y una nueva tempestad los desvía a Mitilene.
               Es tanta la desesperación de Apolonio que prohíbe a sus hombres que le hablen: yace recostado en el fondo de la nave, surta en Mitilene. Antinágoras pasa por allí, ve la nave y se empeña en conocer a Apolonio, sin lograr consolarlo. Se le ocurre entonces enviar por Tarsiana para que lo alegre. Ya tenemos juntos a padre e hija, pero no se conocen. Tarsiana, una y otra vez, acude a todos sus recursos para consolar al que ignora que es su padre; en su frustración acaba echándole los brazos al cuello a lo que responde Apolonio abofeteándola; llora la niña y en sus quejas relata su historia. Primera anagnórisis: reconocimiento de padre e hija y explosión de alegría del padre. Antinágoras pide la mano de Tarsiana y la obtiene. Gran contento en Mitilene, donde levantan una estatua a Apolonio con su hija y condenan a muerte al rufián.
               Camino de Tiro el padre y los esposos, una aparición le aconseja a Apolonio dirigirse a Éfeso, al templo de Diana. El rey de Tiro cumple todo lo que la visión le ordena y se produce el segundo reconocimiento: Apolonio y su mujer Luciana. Todos se dirigen a Tarso.
               Alegría en Tarso. Castigo de Estrángilo y Dionisa, mientras que es indultado Teófilo. Por fin marcha Apolonio a Antioquía a hacerse cargo del imperio, que cede a su yerno Antinágoras. Todos visitan Pentápolis, donde Luciana tiene un nuevo hijo, ahora varón. El fin del relato se apresura, muere el rey Architrastres y su yerno Apolonio hereda el reino, aunque acabará dejándolo a su hijo, pequeño pero bien aconsejado. No se olvida de premiar al pescador que le atendió cuando llegó desvalido. Arreglados todos los asuntos que le conciernen, Apolonio regresa a su tierra natal con su mujer Luciana, y allí vive feliz hasta su muerte. Reflexiones finales sobre la caducidad de lo mundano.

(Resumen de Carmen Monedero)

lunes, 20 de febrero de 2012

El cuento de Pitas Payas


Del que olvidó la muger te diré la fazaña
si vieres que es burla, dime otra tal mañana;
era don Pitas Pajas un pintor de Bretaña
casose con muger moça, pagábase de compaña.
Ante del mes complido dixo él: 'Nostra dona
'yo volo ir a Flandes, portaré muita dona.'
Ella diz': 'Monseñor, andar en ora bona
'non olvidedes vuestra casa, nin la mi persona.'
Dixo don Pitas Pajas: 'Dona de fermosura
'yo volo façer en vos una bona figura
'porque seades guardada de toda altra locura.'
Ella diz': 'Monseñor, façed vuestra mesura.'
Pintol' so el ombligo un pequeño cordero:
fuese don Pitas Pajas a ser novo mercadero,
tardó allá dos años, mucho fue tardinero,
façíasele a la dona un mes año entero.
Como era la moça nuevamente casada
avíe con su marido fecha poca morada,
tomó un entendedor et pobló la posada,
desfízose el cordero, que d'él non finca nada.
Cuando ella oyó que venía el pintor
mucho de priesa embió por el entendedor,
díxole que le pintase como podiese mexor
en aquel lugar mesmo un cordero menor.
Pintole con la gran priesa un eguado carnero
complido de cabeça con todo su apero,
luego en ese día vino el mensajero.
Que ya don Pitas Pajas de esto venía çertero.
Cuando fue el pintor de Frandes venido
fue de la su muger con desdén resçebido
desque en el palaçio con ella estido
la señal que l' feçiera non la echó en olvido.
Dixo don Pitas Pajas: 'Madona, si vos plaz'
'mostradme la figura e afán buen solaz!'
Diz' la muger: 'Monseñor, vos mesmo la catad,
'fey y ardidamente todo lo que vollaz.'
Cató don Pitas Pajas el sobre dicho lugar
et vido un grand carnero con armas de prestar.
'¿Cómo es esto, madona, o cómo pode estar
'que yo pinté corder, et trobo este manjar?'
Como en este fecho es siempre la muger
sotil e mal sabida, diz': '¿Cómo, monseñor,
'en dos años petid corder non se façed carner?
'Vos veniésedes templano et trobaríades corder.'
Por ende te castiga non dexes lo que pides,
non seas Pitas Pajas, para otro non errides,
con deçilres fermosos a la muger convides,
desque telo prometa, guarda non lo olvides.
Pedro levanta la liebre, et la mueve del covil
non la sigue nin la toma, façe como caçador vil,
otro Pedro que la sigue et la corre más sotil
tómala, esto aconteçe a cazadores mil.
Diz' la muger entre dientes: 'Otro Pedro es aqueste
'más garçón e más ardit que l' primero que ameste,
'el primero apost de éste non vale más que un feste,
'con aquéste, e por éste faré yo si Dios me preste.'
Otrosí quando vieres a quien usa con ella
quier sea suyo o non, fáblale por amor de ella
si podieres, da l'ayo non le ayas querella
ca estas cosas pueden a la muger traella.
Por poquilla cosa del tu aver que l' dieres
servirte a lealmente, fará lo que quisieres
fará por los dineros todo quanto pidieres
que mucho o poco, da l' cada que podieres.

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, Libro de buen amor

martes, 14 de febrero de 2012

Yo, maestro Gonzalo


1
Amigos e vasallos          de Dios omnipotent,
si vos me escuchásedes          por vuestro consiment,
querríavos contar          un buen aveniment:
terrédeslo en cabo          por bueno verament.
2
Yo maestro Gonzalvo          de Berceo nomnado,
yendo en romería          caecí en un prado,
verde e bien sencido,          de flores bien poblado,
logar cobdiciaduero          pora homne cansado.
3
Daban olor sovejo          las flores bien olientes,
refrescaban en homne          las caras e las mientes;
manaban cada canto          fuentes claras corrientes,
en verano bien frías,          en ivierno calientes.
4
Habién y grand abondo          de buenas arboledas,
milgranos e figueras,          peros e mazanedas,
e muchas otras fructas          de diversas monedas,
mas non habié ningunas          podridas ni acedas.
5
La verdura del prado,          la olor de las flores,
las sombras de los árbores          de temprados sabores,
resfrescáronme todo          e perdí los sudores:
podrié vevir el homne          con aquellos olores.
6
Nunca trobé en sieglo          logar tan deleitoso,
nin sombra tan temprada          ni olor tan sabroso;
descargué mi ropiella          por yacer más vicioso,
poséme a la sombra          de un árbor fermoso.
7
Yaciendo a la sombra          perdí todos cuidados,
odí sonos de aves,          dulces e modulados:
nunca udieron homnes          órganos más temprados,
nin que formar pudiesen          sones más acordados.
8
Unas tenién la quinta,          e las otras doblaban;
otras tenién el punto,          errar no las dejaban;
al posar e al mover,          todas se esperaban,
aves torpes nin roncas          y non se acostaban.
9
Non serié organista          nin serié vïolero,
nin giga, nin salterio          nin mano de rotero,
nin estrument nin lengua          nin tan claro vocero
cuyo canto valiese          con esto un dinero.
10
Peroque vos disiemos          todas estas bondades,
non contamos la diezmas,          esto bien lo creades:
que habié de noblezas          tantas diversidades
que no las contarien          priores ni abades.
11
El prado que vos digo          habié otra bondat:
por calor nin por frío          non perdié su beltat,
siempre estaba verde          en su entegredat,
non perdrie la verdura          por nulla tempestat.
12
Manamano que fui          en tierra acostado,
de todo el lacerio          fui luego folgado;
oblidé toda cuita          el lacerio pasado:
¡Qui allí se morase          serié bienventurado!
13
Los homnes e las aves,          cuantos acaecién,
levaban de las flores          cuantas levar querién,
mas mengua en el prado          niguna non facién:
por una que levaban          tres e cuatro nacién.
14
Semeja esti prado          egual de Paraíso,
en qui Dios tan grand gracia,          tan grand bendición miso;
el que crió tal cosa          maestro fue anviso:
homne que y morase          nunca perdrié el viso.
15
El fructo de los árbores          era dulz e sabrido;
si don Adám hobiese          de tal fructo comido,
de tan mala manera          non serié decibido,
nin tomarién tal daño          Eva ni so marido.
16
Señores e amigos,          lo que dicho habemos
palabra es oscura,          esponerla queremos;
tolgamos la corteza,          al meollo entremos,
prendamos lo de dentro,          lo de fuera desemos.
17
Todos cuantos vevimos,          que en piedes andamos,
siquiere en preson          o en lecho yagamos,
todos somos romeos          que camino andamos,
San Peidro lo diz esto,          por él vos lo probamos.
18
Cuanto aquí vivimos          en ajeno moramos;
la ficanza durable          suso la esperamos;
la nuestra romería          estonz la acabamos,
cuando a Paraíso          las almas envïamos.
19
En esta romería          habemos un buen prado
en qui trova repaire          tot romeo cansado:
la Virgin Glorïosa,          madre del buen Criado,
del cual otro ninguno          egual non fue trobado.
20
Esti prado fue siempre          verde en honestat,
ca nunca hobo mácula          la su virginidat,
post partum et in partu          fue virgin de verdat,
ilesa, incorrupta          en su entegredat.
21
Las cuatro fuentes claras          que del prado manaban
los cuatro evangelios,          eso significaban,
ca los evangelistas          cuatro que los dictaban,
cuando los escribién,          con ella se fablaban.
22
Cuanto escribién ellos,          ella lo emendaba,
eso era bien firme          lo que ella laudaba;
parece que el riego          todo d'ella manaba
cuando a menos d'ella          nada non se guiaba.
23
La sombra de los árbores,          buena, dulz e sanía,
en qui ave repaire          toda la romería,
sí son las oraciones          que faz Santa María,
que por los pecadores          ruega noche e día.
24
Cuantos que son en mundo,          justos e pecadores,
coronados e legos,          reis e emperadores,
allí corremos todos,          vasallos e señores,
todos a la su sombra          imos coger las flores.
25
Los árbores que facen          sombra dulz e donosa
son los santos miraclos          que faz la Glorïosa,
ca son mucho más dulces          que azúcar sabrosa,
la que dan al enfermo          en la cuita rabiosa.
26
Las aves que organan          entre esos fructales,
que han las dulces voces,          dicen cantos leales,
estos son Agustino,          Gregorio, otros tales,
cuanto que escribieron          los sos fechos reales.
27
Estos habién con ella          amor e atenencia,
en laudar los sos fechos          metién toda femencia;
todos fablaban d'ella,          cascuno su sentencia,
pero tenién por todo          todos una creencia.
28
El roseñor que canta          por fin maestría,
siquiere la calandria          que faz grand melodía,
mucho cantó mejor          el barón Isaía
e los otros profetas,          honrada compañía.
29
Cantaron los apóstolos          muedo muy natural,
confesores e mártires          facien bien otro tal;
las vírgines siguieron          la gran Madre caudal,
cantan delante d'ella          canto bien festival.
30
Por todas las eglesias,          esto es cada día,
cantan laudes ant ella          toda la clerecía:
todos li facen cort          a la Virgo María;
estos son roseñoles          de grand lacentería.
31
Tornemos ennas flores          que componen el prado,
que lo facen fermoso,          apuesto e temprado;
las flores son los nomnes          que li da el dictado
a la Virgo María,          madre del buen Criado.
32
La benedicta Virgen          es estrella clamada,
estrella de los mares,          guïona deseada,
es de los marineros          en las cuitas guardada,
ca cuando ésa veden          es la nave guiada.
33
Es clamada, y éslo          de los cielos, reina,
tiemplo de Jesu Cristo,          estrella matutina,
señora natural,          pïadosa vecina,
de cuerpos e de almas          salud e medicina.
34
Ella es vellocino          que fue de Gedeón,
en qui vino la pluvia,          una grand visïón;
ella es dicha fonda          de David el varón
con la cual confondió          al gigant tan felón.
35
Ella es dicha fuent          de qui todos bebemos,
ella nos dio el cebo          de qui todos comemos;
ella es dicha puerto          a qui todos corremos,
e puerta por la cual          entrada atendemos.
36
Ella es dicha puerta          en sí bien encerrada,
pora nos es abierta          pora darnos la entrada;
ella es la palomba          de fiel bien esmerada,
en qui non cae ira,          siempre está pagada.
37
Ella con grand derecho          es clamada Sïón,
ca es nuestra talaya,          nuestra defensïón:
ella es dicha trono          del reï Salomón,
reï de grand justicia,          sabio por mirazón.
38
Non es nomne ninguno          que bien derecho avenga
que en alguna guisa          a ella non avenga;
non ha tal que raíz          en ella no la tenga,
nin Sancho nin Domingo,          nin Sancha nin Domenga.
39
Es dicha vid, es uva,          almendra, malgranada,
que de granos de gracia          está toda calcada,
oliva, cedro, bálsamo,          palma bien ajumada,
piértega en que sovo          la serpiente alzada.
40
El fust que Moïsés          enna mano portaba
que confondió los sabios          que Faraón preciaba,
el que abrió los mares          e depués los cerraba,
si non a la Gloriosa          ál non significaba.
41
Si metiéremos mientes          en el otro bastón
que partió la contienda          que fue por Aarón,
ál non significaba,          como diz la lectión,
si non a la Gloriosa,          esto bien con razón.
42
Señores e amigos,          en vano contendemos,
entramos en grand pozo,          fondo no'l trovaremos;
más serién los sus nomnes          que nos d'ella leemos
que las flores del campo,          del más grand que sabemos.
43
Desuso lo disiemos          que eran los fructales
en qui facién las aves          los cantos generales
los sus sanctos miraclos,          grandes e principales,
los cuales organamos          ennas fiestas caubdales.
44
Quiero dejar con tanto          las aves cantadores,
las sombras e las aguas,          las devantdichas flores;
quiero d'estos fructales          tan plenos de dulzores
fer unos pocos viesos,          amigos e señores.
45
Quiero en estos árbores          un ratiello sobir
e de los sos miraclos          algunos escribir;
la Gloriosa me guíe          que lo pueda complir,
ca yo non me trevría          en ello a venir.
46
Terrélo por miráculo          que lo faz la Gloriosa
si guiarme quisiere          a mí en esta cosa;
Madre, plena de gracia,          reina poderosa,
tú me guía en ello,          ca eres pïadosa.

lunes, 13 de febrero de 2012

Las artes liberales



 “Maestro, tú me crieste,    por ti sé clereçía.    
Mucho me as bien fecho,    graçir non te lo sabría.
A ti me dio mi padre    quand’ siet’ años avía
porque de los maestros    aviés grant mejoría.

Assaz sé clereçía    quanto me es mester;   
fuera tú, non ha ome    que me pudies’ vençer.    
Coñosco que a ti    lo devo gradeçer
que m’ enseñaste las artes    todas a entender.

Entiendo bien gramática,    sé bien toda natura;
bien dicto e versifico,    coñosco bien figura;
de cuer sé los actores,    de libro non he cura;    
mas todo lo olvido,    tant’ he fiera rencura.

Bien sé los argumentos    de lógica formar,    
los dobles silogismos    bien los sé yo falsar,    
bien sé yo a la parada    a mi contrario levar;    
mas todo lo olvido,    tanto he grant pesar.

Retórico so fino:    sé fermoso hablar,
colorar mis palabras,    los omes bien pagar    
sobre mi adversario    la mi culpa echar;    
mas por esto lo he    todo a olvidar.

Apris’ toda la fisica,    so mege natural;   
 coñosco bien los pulsos,    bien judgo orinal;    
non ha, fueras de ti,    ome mejor nin tal;     
mas todo non lo preçio    quant’ un dinero val’.

Sé por arte de música    por natura cantar;     
sé fer sabrosos puntos,    las vozes acordar,     
los tonos cóm’ empieçan    e cóm’ deven finar,     
mas non me puede    esto un punto confortar.

Sé de las siete artes   todo su argumento;    
bien sé las qualidades   de cada elemento;    
de los signos del sol,   siquier’ del fundamento,    
nos’ me podrié çelar   quanto val’ un açento.

Grado a ti, maestro,    assaz sé sapïençia;
non temo de riqueza    aver nunca fallençia;
mas bivré con rencura,    morré con repentençia,
si de premia de Dario    non saco yo a Greçia.

                        Libro de Alexandre, vv. 152 ss.

domingo, 12 de febrero de 2012

Libro de Alexandre



Señores, si queredes   mi servicio prender,
querríavos de grado   servir de mi mester;
deve de lo que sabe   omne largo seer,
si non, podrié en culpa   e en riebto caer.

Mester traigo fermoso,   non es de joglaría,
mester es sin pecado,   ca es de clerezía
fablar curso rimado   por la quadema vía,
a sílabas contadas,   ca es grant maestría.

Qui oír lo quisiere,   a todo mi creer,
avrá de mí solaz,   en cabo grant plazer,
aprendrá buenas gestas   que sepa retraer,
averio an por ello   muchos a connocer.

Non vos quiero grant prólogo   nin grandes nuevas fer,
luego a la materia   me vos quier' acoger;
el Criador nos dexe   bien apresos seer,
si en algo pecarmos,   Él nos deñe valer.

Quiero leer un livro   d'un rey noble, pagano,
que fue de grant esfuerço,   de coraçón loçano,
conquiso tod'el mundo,   metiólo so su mano;
terném, si lo cumpliere,   por non mal escrivano.

Del prínçep'Alexandre   que fue rey de Greçia,
que fue franc' e ardit,   e de grant sabíencia; 
vençió Poro e Darío,   dos reys de grant potençia,
                       nunca con avol omne   ovo su atenençia.